Augusto Ferrán, Gustavo Adolfo Bécquer y los dioses desterrados en el Moncayo
Muertos yacen los dioses en el cielo,
y me parece el cielo, mudo y frío,
un cementerio en el desierto espacio.
(Augusto Ferrán, La soledad. Elegía romántica)
A los pocos meses de llegar Augusto Ferrán a Chile a finales de 1872, en el verano de 1873, publicó en la Revista de Santiago un extenso poema de más de doscientos versos endecasílabos blancos: «La soledad. Elejía [sic] romántica (Recuerdo de Enrique Heine). Al poeta chileno Guillermo Matta»1 . Aunque en el título volvía a comparecer la soledad como referente, poema y metro eran de textura formal diferente a la del célebre libro La soledad (1861), reeditado después con cambios como La pereza (1871).
Casi nadie parece haberle prestado atención a este poema salvo quienes estudiaron la recepción de la obra del poeta alemán Enrique Heine en Chile: José Zamudio, cuando espigó escritos periodísticos de Ferrán publicados durante su estancia allí, mencionó la elegía, pero no la analizó2 . Los datos han pasado después a la bibliografía sobre la difusión internacional del poeta alemán3 .
1
Augusto FERRÁN, «La soledad. Elejía [sic] romántica (Recuerdo de Enrique Heine). Al poeta chileno Guillermo Matta», Revista de Santiago, T. III, 1872-1873, pp. 127-133.
2
José ZAMUDIO, «Ensayo sobre la influencia y las traducciones de Heine en Chile», en Heinrich Heine en la literatura chilena. Influencia y traducciones, Santiago de Chile, Editorial Andrés Bello, 1958, en particular pp. 37-40.
3
Claude R. OWEN, Heine im Spanischen Sprachgebiet, Munchen, Aschendorffsche Verlagsbuchhandlung, 1968.
Pionero en estudiar la influencia de Heine en Bécquer fue Franz SCHNEIDER, Gustavo Adolfo Bécquer. Leben und Schaffen unter besonderer Betonung des Chronologischen Elementes, Borna-Leipzig, Druck von Robert Noske, 1914. Y «G. A. Bécquer as “Poeta” and his Knowledge of Heine´s Lieder», Modern Philology, XIX, 1922, pp. 245-256.
El asunto ha dado lugar a una amplia bibliografía: una síntesis en Jesús RUBIO JIMÉNEZ, Augusto Ferrán Forniés, traductor: de las nieblas del Rin a la claridad meridional, Madrid, Escolar y Mayo Editores, 2015.10
JESÚS RUBIO JIMÉNEZ
En el verano de 1877, Ferrán regresó a Madrid, arruinado y gravemente enfermo. No le esperaban aquí tampoco buenas noticias: su cuñado Florencio Janer, casado con su hermana Adriana, estaba muy enfermo o había muerto ya pues falleció el 17 de julio en El Escorial. Augusto aún hizo un último esfuerzo literario más y trató de reengancharse a la vida literaria madrileña, publicando algunos escritos: una reedición de La soledad. Elegía romántica, en la revista La Academia, firmado ahora por Pompeyo Augusto Ferrán –el nombre con que sería internado– y manteniendo la dedicatoria «Al poeta chileno Guillermo Matta»4 . Apenas ha tenido fortuna crítica tampoco esta edición y el largo poema de 202 versos ha quedado olvidado (en realidad son 203 en la edición chilena como se verá)5 .
Dio a conocer también una traducción del ensayo «Don Quijote» de su siempre admirado Heine en la Revista de España el 30 de septiembre de 18776. Y una entrega más de «Recuerdos de Enrique Heine. Cantares», que ya eran conocidos. I: «Arde en tus mejillas…»; II: «Niña sobre mi pecho pon tu mano…»; y III: «Tarfe»7 .
4
Pompeyo Augusto FERRÁN, «La soledad. Elegía romántica (Recuerdo de Enrique Heine). Al poeta chileno Guillermo Matta», La Academia: Revista de Cultura Hispano-portuguesa, Latino-americana, T. II, n.º 5, 15 de agosto de 1877, pp. 70-71.
Florencio Janer mantenía buena relación con esta revista, donde lo homenajearon publicando su retrato y un artículo póstumo suyo: «El legado póstumo de Janer. La Rinkomanía», La Academia, 23 de agosto de 1877.
5
Quizás el único en mencionarlo fue Dionisio GAMALLO FIERROS en «Luz sobre una vida oscura y una mente extraviada. Las del poeta Augusto Ferrán, que falleció loco, en el manicomio de Carabanchel», Imperio, 4 de agosto de 1961, donde escribe: «Posteriormente logró Ferrán algunos de los endecasílabos libres más ajustados y melancólicos de todo el siglo XIX, más inmensos [¿inmersos?] en la naturaleza y sus mitos, más dóciles a lo fabuloso y a lo fabulesco, a los gnomos y a los duendes, hasta que la mezcla del dinero y la bancarrota, del vino y del amor, empezó a gotear sobre su sensible cerebro hasta reblandecérselo».
Según él, fue Ramón Rodríguez Correa quien pidió al doctor Esquerdo que lo acogiera en el establecimiento para enfermos mentales que había inaugurado el 2 de mayo de 1877. Gamallo Fierros estaba preparando una edición de escritos desconocidos de Ferrán, que no concluyó, y pensaba incluir La soledad. Elegía romántica.
En 1940, Jorge Guillén escribió al bibliotecario chileno Raúl Silva Castro solicitándole información sobre la estancia de Ferrán en Chile y este se la proporcionó. Hasta donde sé, sin embargo, don Jorge no llegó a escribir sobre el asunto (la carta ahora se puede leer digitalizada en la web de la Biblioteca Nacional Digital de Chile).
6
En 2015 puse al día lo conocido sobre la vida del poeta y su labor de traductor en Augusto Ferrán Forniés, traductor: de las nieblas del Rin a la claridad meridional, ob. cit.
Con relación a su conocimiento del Quijote, véase Enrique Heine, Alemania, Madrid, La España Moderna, s. a., pp. 236 y ss. Fue el primer libro que leyó, traducido por Tieck. En él aprendió a deletrear refugiándose en un rincón del jardín para leerlo a solas siguiendo con pasión sus aventuras.
7
Augusto FERRÁN, «Recuerdos de Enrique Heine. Cantares», La Academia, 30 de octubre de 1877, p. 239.11
AUGUSTO FERRÁN, GUSTAVO ADOLFO BÉCQUER Y LOS DIOSES DESTERRADOS EN EL MONCAYO
La enfermedad mental del poeta se iba agravando. Fue internado en el sanatorio del doctor Esquerdo el 13 de enero de 1878 y allí residió hasta su muerte el 2 de abril de 1880. Solo iban a visitarlo su hermana Adriana y Ramón Rodríguez Correa quien, al igual que ocurrió con Gustavo Adolfo Bécquer, se convirtió en el principal difusor de su obra, reeditándola8. Y fue así como sus obras pudieron ser leídas y repercutieron en la poesía del cambio de siglo en poetas jóvenes como los hermanos Machado y Juan Ramón Jiménez9.
Parece llegado el tiempo de volver a editar aquella «elegía romántica», que no fue un poema de circunstancias, sino que nos reintroduce en el gran tema de la poesía de Ferrán –la soledad– por un camino diferente al libro La soledad (1861) tan decisivo en la renovación de la poesía moderna española a partir de las formas populares, aunando la tradición autóctona con la revitalización de las canciones populares por Enrique Heine y otros poetas románticos europeos10. Quienes han explicado la larga tradición de la soledad española han llamado la atención sobre la importancia de Ferrán en la continuidad de esta tradición dotándola de un sentido moderno11.
El contenido de La soledad. Elegía romántica es distinto en algunos aspectos a sus escritos más habituales y abunda en una línea que no ha sido valorada en su producción y que merece nuevas
8
El 7 de junio de 1880 los periódicos daban noticia de que habían leído cantares suyos en una velada del Ateneo y fueron de los más aplaudidos. Fue el primer homenaje póstumo al «poeta muerto hace dos meses en la casa de locos del doctor Esquerdo» (Gaceta Universal, 690, 7 de junio de 1880).
El Correo (90, 2 de junio de 1880) había anunciado la velada en el Ateneo para el sábado día 5 a las 9,30, dedicada a honrar la memoria de poetas muertos en ese siglo de quienes aún no se había leído nada en la docta casa: Pastor Díaz, Reinoso, Moratín, Arriala, Augusto Ferrán, Piferrer, Cabañes, Sáinz Pardo, Cea, Vargas Ponce, Ventura de la Vega, Mora, Romea, Biedma, Baralt, duque de Rivas, duque de Frías, Monroy, Hurtado, Carlos Rubio, Avellaneda, Martínez de la Rosa, Pancho Orgaz.
Leerían Cañete, Valera (este a Bécquer según Gamallo Fierros), Núñez de Arce, Aguilera, Balaguer, Palacio, Campillo, Rodríguez Correa, Blasco, Velarde, Grilo y Ortiz de Pinedo. Y unos años más tarde Ramón Rodríguez Correa publicó sus Obras completas en la editorial de La España Moderna, s. a. (1893).
9
Robert PAGEARD, «Bécquer, Ferrán y Juan Ramón Jiménez», Ínsula, 528, diciembre de 1990, pp. 30-32. Juan Ramón JIMÉNEZ en «Carta a Luis Cernuda», en La corriente infinita (Madrid, Aguilar, 1961) se refiere a la lectura de Ferrán y Bécquer y cómo los proyectó hacia los poetas del 27.
10
Jesús RUBIO JIMÉNEZ, «Augusto Ferrán Forniés: traducciones desconocidas y otros textos», El Gnomo. Boletín de Estudios Becquerianos, 2, 1993, pp. 161-187. «Enrique Heine y Augusto Ferrán. Entre las nieblas del Rin y la claridad meridional», Ínsula, 752, 2009, pp. 17-20. Y «Augusto Ferrán Forniés: el poeta de la soledad moderna», Individuo y sociedad en la literatura del siglo XIX, Santander, Trementorio ediciones, 2012, pp. 69-82. Raquel GUTIÉRREZ y Borja RODRIGUEZ eds.
11
Particular interés ofrece José BERGAMÍN en escritos como «Romántica de soledades», en Lázaro, Don Juan y Segismundo, Madrid, Taurus, 1959. Y «Prosas peregrinas», en Al fin y al cabo. Prosas, Madrid, Alianza Tres, 1981, pp. 73-186. Jesús RUBIO JIMÉNEZ, «José Bergamín, su «cátedra peregrina» por Hispanoamérica y la tradición de la poesía de la soledad», en Setenta años después. El exilio literario español de 1939. Oviedo, KRK Ediciones, 2010, pp. 551-579.12
JESÚS RUBIO JIMÉNEZ
indagaciones: el poema narrativo lírico extenso, introduciendo asuntos fantásticos importados de la mitología germánica.
La soledad (Elegía romántica) resulta además muy reveladora en el análisis de los motivos folclóricos de las leyendas La corza blanca y El gnomo, que Gustavo Adolfo situó en el Moncayo.
Para su comprensión más correcta rescato y explico también otros textos publicados en Chile que orbitan alrededor y ayudan a entender esta llamativa elegía, portadora de un sentido testamento al modo heineano sostén fundamental siempre de la escritura de Augusto Ferrán. Estos escritos completan la labor mediadora con otras literaturas y sobre todo su escritura, siempre sometida a la inestabilidad económica y emocional, que le impedía intentos más ambiciosos, quedando reducida a zamacuecas, bosquejos y a un relato corto. Un conocimiento más detallado de la prensa chilena de los años en que Augusto residió en Santiago proporcionará nuevos textos, pero los aquí rescatados ya perfilan mejor su paso por el país andino. Completo con este ensayo mis aproximaciones a Augusto Ferrán, sobre todo en Gustavo Adolfo Bécquer y la poesía chilena: de Guillermo Matta a Pablo Neruda y Augusto Ferrán traductor: de las nieblas del Rin a la claridad meridional12.
12
Jesús RUBIO JIMÉNEZ, Gustavo Adolfo Bécquer y la poesía chilena: de Guillermo Matta a Pablo Neruda, Zaragoza, Diputación Provincial de Zaragoza, 2004. Y Augusto Ferrán Forniés, traductor: de las nieblas del Rin a la claridad meridional, ob. cit.
Imagen de la cubierta: David Vela
Augusto Ferrán leyendo en la Cruz Negra, detalle.
Ilustración del relato de Jesús Rubio
El desconsolado. Estampas románticas.